sexta-feira, fevereiro 14, 2020

Jan Karski: el hombre que quiso parar el Holocausto




Miembro de la resistencia polaca y testigo del exterminio de los judíos, Jan Karski denunció los crímenes nazis ante Roosevelt y el gobierno británico. Nadie le prestó atención.
*****
Jan Karski vivió impotente cómo invadían su país en 1939. Fue prisionero de los soviéticos y de los nazis, fue torturado brutalmente por la Gestapo y fue testigo de los horrores del Holocausto.
Sin embargo, lo que más le dolió en su vida fue no ser escuchado. Como miembro de la resistencia, Karski alertó a los aliados sobre lo que estaba ocurriendo con los judíos en Polonia. Y lo hizo en una fecha tan temprana como 1942. Se lo comunicó al gobierno polaco en el exilio, a los británicos y personalmente a Roosevelt en la Casa Blanca. Pero su testimonio fue recibido con escepticismo. No le creyeron o no quisieron creerle. Y cuando lo hicieron, ya era demasiado tarde.

Una vida truncada 

Jan Karski, nombre de guerra de Jan Kozielewski, nació el 24 de junio de 1914 en Lodz, Polonia. Se graduó en Derecho en la Universidad de Lvov y comenzó una prometedora carrera como diplomático. En agosto de 1939 fue movilizado por el Ejército ante la inminente invasión alemana (tenía el grado de oficial de artillería).
La madrugada del 1 de septiembre, mientras dormía junto a su unidad en Oswiecim (Auschwitz, en alemán), la Luftwaffe bombardeó el campamento. Logró salir ileso y emprender la retirada hacia el este. Karski fue capturado por el Ejército Rojo, que había invadido Polonia, y trasladado a un campo de prisioneros en Ucrania.
Tras varios meses realizando trabajos forzados, un golpe de suerte le permitió escapar nuevamente de la muerte. Como parte del pacto de no agresión Ribbentrop-Mólotov, alemanes y soviéticos acordaron un intercambio de prisioneros. Jan, que se había hecho pasar por soldado raso (los oficiales no estaban incluidos en el trato), fue elegido para el intercambio. De esta manera, sin saberlo, estaba evitando ser uno de los miles de oficiales polacos que meses más tarde serían asesinados por los soviéticos en el bosque de Katyn.
 
Entrada en la resistencia
 
Karski logró huir de los nazis y llegar hasta Varsovia. Allí, a través de un amigo, entró en contacto con la resistencia. Enseguida se puso a su servicio. Gracias a su extraordinaria memoria, que le permitía trasmitir información sin llevar nada escrito, y a su dominio de varias lenguas, entre ellas el alemán, Jan comenzó a realizar labores de enlace con otros países.
En julio de 1940, mientras intentaba cruzar los montes Tatras, en Eslovaquia, fue apresado por la Gestapo. Lo interrogaron y torturaron durante días, pero Karski no delató a nadie. Cuando estaba al límite de su resistencia, intentó suicidarse cortándose las venas. Antes de ser devuelto a la prisión donde estaba encerrado, la resistencia logró rescatarlo.
En cuanto pudo, Jan volvió a la actividad clandestina. En 1942, fue elegido para una nueva misión. Debía viajar a Londres, adonde se había trasladado el gobierno polaco, para informar al primer ministro Wladyslaw Sikorski y a los aliados acerca de la situación en Polonia. 

Visita al infierno 

Antes de emprender el viaje, Karski debía reunir pruebas. Para ello, se introdujo dos veces en el gueto de Varsovia. Allí, Jan descubrió horrorizado cómo era la vida detrás de esos muros que habían levantado los nazis dos años atrás. Karski salió de allí profundamente conmocionado. No se lo podía creer. Sin embargo, aún no lo había visto todo. Días después fue llevado de incógnito hasta Izbica, un campo de tránsito cerca de Lublin que servía como punto de transferencia para los deportados antes de ser enviados a su destino definitivo: el campo de exterminio de Belzec.
Disfrazado con el uniforme de los guardias ucranios que custodiaban el recinto, Karski consiguió entrar en el campo. Rodeado de suciedad y de un hedor insoportable, vio a miles de personas hambrientas y enloquecidas esperando a que llegara el tren que los enviaría a la muerte. Cientos de personas eran obligadas a subir a unos vagones de ganado. Los que no podían o se resistían a entrar, recibían un disparo.

Un grito no escuchado

Después de ser testigo de estas atrocidades, Karski fue consciente de la importancia de su misión. La vida de millones de personas dependía de su capacidad para movilizar ayudas. Los líderes judíos le dijeron que no había manera de parar esto desde dentro, a través de la resistencia. La ayuda solo podía venir del exterior.
Karski partió hacia Londres con un microfilme oculto en una llave y el recuerdo muy vívido de todo lo que había presenciado. Cruzó Alemania, Francia y España hasta llegar a Gibraltar, desde donde embarcó hacia Inglaterra. Allí se entrevistó con Sikorski, con los líderes de los partidos políticos en el exilio, con el ministro de Exteriores británico Anthony Eden y con el influyente periodista de origen judío Arthur Koestler. También presentó su testimonio ante la comisión de crímenes de guerra de las Naciones Unidas. Por último, el 28 de julio de 1943, se reunió con Roosevelt en la Casa Blanca. No sirvió de nada. Su testimonio fue recibido con escepticismo, y sus ruegos, con buenas palabras.
En un último intento por hacerse oír, Karski escribió un libro contando sus vivencias. Historia de un Estado clandestino fue publicado en 1944. El libro fue un éxito, con 400.000 ejemplares vendidos antes del final de la guerra. Pero tampoco sirvió de mucho. El destino de Polonia se había sellado meses antes en la Conferencia de Teherán. Churchill y Roosevelt habían realizado numerosas concesiones a Stalin sobre los territorios de Europa oriental. Después de la guerra se materializaron. Estados Unidos y Gran Bretaña retiraron su reconocimiento al gobierno polaco en el exilio y se lo dieron al gobierno prosoviético instalado en una Varsovia devastada.
Karski no volvió nunca a Polonia. Consiguió la nacionalidad estadounidense y, tras doctorarse en la Universidad de Georgetown, trabajó en ella durante treinta años como profesor de Ciencias Políticas (Bill Clinton fue uno de sus alumnos). No volvió a hablar públicamente de sus vivencias en la guerra hasta 1977, cuando el director Claude Lanzmann le convenció para que apareciera en su monumental documental sobre el Holocausto Shoah (1985).

quarta-feira, fevereiro 12, 2020

Israel só pode contar consigo mesmo


Israel só pode contar consigo mesmo

por Floriano Pesaro

Muitos de nós já ouvimos esse mote, mas, hoje se torna fundamental não o deixarmos passar de vista: “Israel can only count with itself”, ou “Israel só pode contar consigo mesmo”. Duas complexas movimentações recentes do principal aliado de Israel no Oriente Médio, os Estados Unidos, colocaram sob alerta a segurança nacional israelense.
Em primeiro lugar, em outubro do ano passado, o presidente norte-americano, Donald Trump, anunciou a retirada das tropas dos EUA do norte da Síria alegando que esta era uma luta “interminável” que nada tinha a ver com os interesses americanos na região reforçando seu caráter “não intervencionista” alardeado pela sua campanha em contraponto aos democratas.
Com esse movimento, Trump deixou Israel numa das mais delicadas situações geopolíticas e territoriais desde a Guerra de Yom Kippur, uma vez que – com a presença das tropas americanas – a região curda estava livrando-se das células do grupo terrorista Estado Islâmico e afastando as tropas – terroristas de Estado - do Irã, a Al Quds. Longe da Síria, por sua vez, longe das fronteiras israelenses.
Contudo, o que parecia um êxito em termos de intervenção internacional democrática tornou-se uma ameaça ao Estado de Israel, uma vez que Turquia passou a atacar as tropas curdas – antes aliadas dos EUA – para impedir que eles formem seu longamente desejado Estado. Com a retirada norte-americana e os ataques turcos na região, as Forças Democráticas Sírias (FDS, grupo formado por milícias de sírios curdos, árabes, assírios, armênios, turcos e circassianos) alertaram o reativamente de células do Estado Islâmico na região e a penetração pioneira de tropas da Al Quds ao norte do país. Nunca antes tão próximas às fronteiras israelenses.
Em mais um episódio da política externa norte-americana, este ainda mais recente e num cenário de escalada da hostilidade na relação entre EUA e Irã, o Presidente Donald Trump autorizou um ataque aéreo em solo iraquiano matando o General Qassem Soleimani, líder da força terrorista de Estado, Al Quds, considerado o “número 2” na ditadura iraniana e, então, cogitado para suceder o líder supremo do país Ali Khamenei.
Essa decisão sem precedentes no cenário internacional – uma vez que, embora a ficha corrida do general terrorista não seja modesta e seu envolvimento em diversos ataques terroristas seja comprovado, um ataque de um país democrático em território estrangeiro sem uma ameaça comprovada eclodiu em, pelo menos, dois movimentos: 1) pressão interna das forças políticas oposicionistas norte-americanas para a retirada das tropas do país do Iraque; 2) a promessa de revanche e vingança do Irã contra os Estados Unidos, suas instalações e aliados na região.
Ao que parece, Israel está acompanhando como um observador à escalada de hostilidade sem precedentes com inimigos poderosos à sua porta. Num cenário onde a cada dia, um novo episódio vem se somando a este complexo cenário, os Estados Unidos comunicaram e – pouco menos de 24 horas – desmentiram a retirada de suas tropas – desta vez – do Iraque, que deixaria o país livre para a entrada da Al Quds. Em outras palavras, terroristas perigosos nunca antes tão próximos de Israel.
Em que pese, previsões sejam difíceis neste complexo cenário geopolítico, é fato que a sobrevivência do Estado judeu é alvo histórico dos grupos e Estados terroristas da região e, sob essa premissa, a resposta do Irã ao ataque norte-americano – se vier – deve tomar lugar ai mesmo na região devendo colocar Israel em alerta máximo de segurança. Neste tenso cenário de incertezas e aumento de hostilidades, os EUA – nosso principal aliado – ensaia mais uma retirada de tropas forçando Israel a recordar-se: Israel can only count with itself. Atentemo-nos."

Cordialmente,
Floriano Pesaro
SITE: floriano45.com.br
Facebook: Floriano Pesaro
Twitter: @Floriano45