terça-feira, maio 31, 2011

Jerusalem: Más de Tres mil años.

Jerusalem: Espacio geográfico,

esperanza (meta) física

Western-Wall-Jerusalem-Day-3

Reencontrarse con Jerusalem, caminar por sus calles y ser testigo de su singular dinámica, siempre ha sido una experiencia que me ha llenado de alegría. He tenido el gusto y el honor de vivir en la ciudad, de vivir la ciudad, y cada vez que vuelvo la sensación que me alberga es sumamente indescriptible. Y quizá lo mío suene descabellado para varios, pero confío en que más de uno entenderá de lo que estoy hablando.

Jerusalem es una ciudad en donde el espacio geográfico y las proyecciones simbólicas se funden y entrelazan, generando una mixtura con importante densidad de sentido. Pero aquello que hoy gozamos en calidad de “realidad casi indiscutible,” fue vedado por generaciones y generaciones. Durante centenares de años, la geografía y el símbolo se disociaron, y las calles que hoy podemos caminar y habitar, antaño fueron transformadas en la utopía que condensaba aquellas aspiraciones de un futuro mejor. Es por ello que en este contexto será interesante resaltar cómo aun cuando los judíos no podían acercarse a la ciudad, supieron rescatar su figura y dotarla de sentido trascendente.

Es indudable que una gran cantidad de textos judíos definen y posicionan a Jerusalem como centro del mundo. Leemos por ejemplo en el Midrash Tanjumá, Perashat Kedoshim: “Al igual que el ombligo se encuentra en el centro del cuerpo del hombre, así la Tierra de Israel es el ombligo del mundo […] La Tierra de Israel se asienta en el centro del mundo, y Jerusalem en el centro de la Tierra de Israel, y el Templo en el centro de Jerusalem, y el Santuario en el centro del Templo, y el Arca de la Alianza en el centro del Santuario, y la Piedra Fundamental delante del Arca de la Alianza, y sobre ella el mundo fue establecido.”

La idea de Jerusalem como “ombligo del mundo” no es una novedad establecida por el Midrash. Ya el profeta Ezequiel parecería indicar que el pueblo de Israel reside en el centro de la tierra (vean el capítulo 38, y en especial el versículo 12). Y en el libro de los Jubileos, escrito unos 200 años antes de la era común, se nos cuenta que Noaj luego del diluvio entendió que “el Jardín del Edén era el sancta sanctorum, y el lugar en donde moraba D’s; el Monte Sinaí era el centro del desierto; y el Monte Sión el centro del ombligo de la tierra” (8:19). De tal forma influyó esta idea en el pensamiento occidental, que hacia fines del siglo XVI, nos podemos encontrar con el siguiente mapa, realizado por Heinrich Bünting en Hannover:

Bünting definió al mundo como un trébol. Volviendo a nuestro Midrash, podemos entender al mundo como una estructura concéntrica, la cual encuentra su equilibrio en el vértice conformado por Jerusalem. No solamente hablamos del centro del universo, sino también del punto fundamental desde donde todo el mundo fue creado. De esta manera, Jerusalem queda proyectada en el imaginario colectivo como sostén y fundamento, como centro y cimiento, de todo lo demás.

Hacia dicho centro neurálgico el judío retorna al menos tres veces por día, sin importar su ubicación terrenal. Parafraseando lo escrito en el Talmud (Berajot 30a), aquel que se encuentra viviendo en la diáspora debe orientar su corazón hacia Israel, aquel que se encuentra en Israel debe orientarse hacia Jerusalem, y aquel que se encuentra en Jerusalem debe rezar hacia el Templo. ¿Y por qué es tan importante todo esto? Porque como dice el texto, de esta manera todo el Pueblo de Israel orienta su corazón hacia un mismo lugar. Mientras que el Sidur propone un texto unificado que liga generaciones y geografías sin importar tiempos ni distancias, el horizonte compartido encarnado por la ciudad de Jerusalem conjuga las miradas y aspiraciones de una común unidad que trasciende toda diáspora. De esta manera, la re-unión de los dispersos se realiza no en tiempos antológicamente diferentes a los nuestros, sino cada día que nos proponemos elevar nuestra visión hacia un mismo objetivo. Ese objetivo, en nuestra tradición, se simboliza y representa en Jerusalem.

Asimismo, y en sintonía con lo que hemos venido diciendo hasta aquí, no es casual que para nuestros sabios Jerusalem haya sido el paradigma por antonomasia de la belleza. “Quien no vio a Jerusalem en su esplendor, no ha visto una ciudad bella en el mundo” nos dicen en el Tratado de Sucáh (51b). “Diez medidas de belleza descendieron al mundo, – insisten en el Tratado de Kidushin (49b) – nueve fueron para Jerusalem, y la décima para el resto del mundo.”

Con fracciones tan claras y definidas, se me ocurren dos hipótesis: podemos entender expresiones tan significativas sobre la hermosura de Jerusalem como testimonios fidedignos de aquellos que vivieron en tiempos previos a la destrucción del Segundo Templo, testimonios que fueron pasando de generación en generación, hasta encontrar su lugar en el mar talmúdico. Pero también podríamos aventurarnos por un camino alternativo, camino al que ya hemos aludido, y que nos presentaría las descripciones que hemos leído como proyecciones de un espacio que los sabios nunca llegaron a ocupar. Es decir, existe la posibilidad de que las fracciones que marcan una diferencia abismal entre Jerusalem y el resto del mundo no hayan sido gestadas por hombres que vivieron la ciudad, sino por aquellos que proyectaron en ella un espacio utópico, un horizonte ideal. De acuerdo a lo que seguiremos viendo más adelante, la belleza que concentra Jerusalem no será solo estética, sino existencial.

Yo no solo les propongo que tomemos el segundo de los caminos sugeridos, sino que iré un paso adelante al afirmar que la monumental hermosura de Jerusalem se potencia y crece luego de la mayor de las catástrofes ocurridas allí en los últimos 2000 años de historia: la destrucción de la ciudad a manos de los romanos en el año 70 de la era común. El espacio destruido se transformó gradualmente en la posibilidad potencial de un nuevo Jardín del Edén. La ciudad cerrada se tornó en utopía de apertura y redención, de mesianismo y liberación.

Fue a la sombra de la muerte y la desolación que el símbolo comenzó a crecer. No porque Jerusalem no haya sido un espacio central en la vida judía previa a la caída del Segundo Templo. Más aun, lo contrario es cierto. Pero la destrucción, el alejamiento de aquel lugar especial, y la disociación de lo que era considerado el centro ritual judío hasta ese momento, devinieron en una Jerusalem posicionada como la aspiración de un cambio radical en la estructuración del mundo tal y como lo conocemos. Indudablemente, es por ello que en el Talmud leemos frases tan categóricas como la que sostiene que luego de la destrucción de la ciudad, el mismo D’s dejó de sonreír (Avodá Zara 3b). Es por ello también, que el énfasis que nuestros textos hacen sobre las esperanzas de redención orientadas a Jerusalem son párrafos que bien vale la pena analizar con detenimiento.

Decíamos anteriormente que tres veces al día el judío torna su corazón hacia la utópica ciudad. Parte integral de la Amida, el rezo central que nuestra tradición nos propone conocer y apropiar, es una bendición enfocada a la renovación del espacio otrora destruido:

“Y a la ciudad de Jerusalem, Tu ciudad, retorna con amor maternal y mora en ella como has prometido; reconstrúyela para siempre prontamente en nuestros días, e instituye en ella el trono de David. Bendito eres Tú, D’s nuestro, constructor de Jerusalem.”

El texto es pequeño, mas las implicaciones son grandes. Para empezar, nadie retorna al lugar de donde nunca se ha ido. Teológicamente, esto significa que para la tradición de Israel, o más específicamente para el grupo de personas que escribió esta bendición, D’s no reside ni mora en la ciudad. O bien D’s abandonó Jerusalem, o bien D’s también fue expulsado de allí. Las palabras de Abraham Joshua Heschel z”l, en referencia al mundo entero, creo que aplican también al espacio delimitado por lo que Jerusalem simboliza:

“La voluntad divina es la de estar aquí, manifiesta y cercana; pero cuando las puertas del mundo son cerradas de un golpe frente a Él, Su verdad es traicionada, y Su voluntad desafiada, Él se retira, dejando al hombre consigo mismo. D’s no se retiró por propia voluntad; D’s fue expulsado. D’s vive en el exilio.” (1)

Heschel es claro: es el hombre – en su acción y en su omisión – el responsable de haber expulsado a D’s, ya sea del mundo entero, ya sea de la ciudad de Jerusalem. Por lo tanto, y volviendo a la bendición de la Amida, la posibilidad de que D’s retorne al lugar de donde se fue (a voluntad o por coerción) dependerá en gran medida de dos factores, cuando creo que el principal – aunque tácito – es que el hombre trabaje para generar las coyunturas que permitan el reingreso de D’s en los espacios abandonados.

El segundo factor se relaciona con el pedido que quien reza le hace a D’s, para que su retorno esté fundamentado en lo que hemos dado en traducir por “amor maternal.” La palabra hebrea “Rajamim” – muchas veces (mal) traducida como “misericordia” – proviene de la misma raíz hebrea que la palabra “útero” (rejem). Por lo tanto, el amor divino al que apelamos a la hora de pedirle a D’s que retorne a su mundo y a su ciudad tiene que ver con un amor que solo una madre tiene para con su hijo. A la hora de articular el regreso de D’s, el pueblo judío se conecta con el aspecto femenino de la divinidad. Al apelar, lo hacemos en calidad de hijos, pero no hablándole a un padre, sino invocando a una madre. Y para aquellos que crean que demasiado lejos nos hemos ido en nuestro hincapié respecto del lenguaje, vale la pena leer lo que ya hemos escrito sobre la relación entre la mujer, el ritual, la forma en la que hablamos, y los contextos culturales que constantemente generamos. (2)

Sin embargo, al volver a la Amida vemos que también invocamos a D’s en calidad de constructor. Debe retornar con amor maternal, pero dicho regreso implica también un posicionamiento en calidad de constructor. Recordemos que la ciudad ha quedado desolada y destruida, y que al volver D’s, el pueblo judío en particular y la humanidad en general cuentan con un socio trascendente para comenzar a edificar. De entre todas las metáforas que podrían haber elegido nuestros sabios, creo que el haber descrito a D’s como constructor es sin dudas un acierto. Porque si la ciudad simboliza la posibilidad potencial de un espacio mejor y de un lugar diferente, el definir al Creador como Constructor nos habla también del rol que el texto pretende de nosotros. Porque no nos olvidemos que hemos sido creados a Su imagen y semejanza, lo que significa que si D’s construye, nosotros debemos construir. D’s no solo retorna y construye, sino que deviene en espejo que nos muestra aquello que nosotros debemos hacer para que la ciudad vuelva a levantarse, y para que Él pueda reaparecer en nuestras vidas.

De esta manera es que debemos entender – sumado a todos los textos que hemos ido citando en este artículo – la predicción del Midrash conocido como Avot de Rabí Natan (35), cuando dice que en un futuro, en la ciudad de Jerusalem se reunirán todos los pueblos y todos los reinados. Es decir, solo en el momento en que generamos las coyunturas que posibilitan transformar el espacio geográfico en horizonte existencial, dejamos de pelearnos por los centímetros de tierra y reconocemos que el espacio redentor se encuentra en la posibilidad de reconocernos como hijos de un mismo D's. Aquel D’s exiliado retorna al mundo al ver que sus hijos se reencuentran al mirarse a los ojos. Aquella ciudad fundamental vuelve a renacer de sus cenizas cuando los hermanos pueden sentarse a la misma mesa. Aquella esperanza metafísica abandona su condición de inalcanzable cuando a través de acciones concretas manifestamos la presencia divina en la obra de nuestras manos.

En los párrafos compartidos hemos intentado mezclar deliberadamente las geografías y los símbolos, los ladrillos y las utopías. Lo hemos hecho a conciencia, partiendo de la base de que no se puede disociar entre la Jerusalem Terrena, y la Jerusalem Celestial. Alienar los caminos que habitamos y olvidarnos de los símbolos que éstos irradian es alejarnos de todo aquello por lo que debemos trabajar. Asimismo, elevar nuestros ojos hacia un horizonte utópico e imposible esperando que otros realicen la tarea, o que nos llegue por gracia divina en tiempos ontológicamente diferentes, es un acto escapista que nuestra tradición no nos permite. Siendo así, vale la pena ir concluyendo nuestro andar, citando las palabras de Rabí Iojanan, quien estaba en lo cierto al afirmar que “el Santo Bendito Sea dijo: No moraré en la Jerusalem Celestial hasta que no resida en la Jerusalem Terrena” (Taanit 5a).

De nosotros, junto a Su valiosa ayuda, depende construir en estas tierras el Reino de los Cielos. No podemos disociarnos de nuestros ideales, y no podemos esperar que otros realicen la obra en nuestro lugar. Nuestra tradición nos enseña que Jerusalem – Terrena/Celestial – se edifica día a día. Y el Talmud (Berajot 64a) nos recuerda que aquellos que verdaderamente somos hijos (“banaij”) no podemos ni debemos desentendernos de nuestro rol de constructores (“bonaij”).
Manos a la obra, y que D’s nos ayude para que algún día podamos juntos habitar las calles de Ierushalaim.

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(1) A. J. Heschel, Man is not alone, New York, 1951, pp. 153-154. El énfasis es parte del texto original.

(2) Si estas interesado en el tema, puedes consultar el articulo “¿Las mujeres cuentan? Cuando lo que cuenta es el Lenguaje…” (Kullock, 2007) realizando una búsqueda en la pagina principal del sitio.

terça-feira, maio 24, 2011

A história do mês

Rabino Menachem Mendel de Vitebsk, fundador do núcleo chassídico em Eretz Israel, que faleceu em 2 de Iyar de 5548

No dia em que foi nomeado rabino dos chassidim* de Minsk, o Rabino Menachem Mendel de Vitebsk leu para toda a congregação a carta de nomeação que lhe tinha sido entregue pelos chefes da comunidade, cheia de belos títulos e elogios.

Disse o justo: “Que sorte tenho eu! Quando eu for para o Mundo da Verdade, depois de 120 anos, apresentar-me-ei ao Tribunal Celestial com esta carta, provando assim que sou estudioso e justo, modesto e devoto. Se me pedirem testemunhas, dir-lhes-ei que se dirijam aos chefes da comunidade de Minsk, que assinaram esta carta de nomeação.

Mas o que farei se me perguntarem: E tu, Mendel, o que tens a dizer de ti mesmo? – Aí, eu me convencerei que não tenho razão …”

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*Hasidim / Chassidim (em hebraico: חסידים) é o plural de Hasid ou Chassid (חסיד), significando "piedoso". O título honorífico "Hasid" era freqüentemente usado como um termo de respeito excepcional no Talmud época medieval. No clássico da literatura rabínica difere de “Tsadik "-" justo”, por denotar uma vez que vai além das exigências legais e éticos do ritual da observância judaica na vida diária. O significado literal de "Hasid" deriva de Chessed - "bondade", a expressão externa ao amor a D’us e a outras pessoas. Esta devoção espiritual motiva conduta piedosa além dos limites diários. A natureza devocional da descrição é tomada de um judeu, conhecido como Rabi Baal Shem Tov, que deu lugar ao movimento Chassidico, e seus seguidores como "Chassidim".

domingo, maio 22, 2011

Afeganistão e As Dez Tribos (de Israel) Perdidas

PATANES, CASHEMIRA E

AFEGANISTÃO

PATANES, CASHEMIRA E AFEGANISTÃO

Iran is home to the biggest population of Jews

Encravado entre as fronteiras do Afeganistão, Paquistão e Cachemira, vive o maior agrupamento tribal do mundo -- os patanes. Todos os 15 milhões de patanes, que englobam aproximadamente 60 tribos, dizem-se descendentes de Kish, um descendente do rei Saul bíblico. Muitos deles também alegam que são filhos dos Israelitas Perdidos.

De acordo com seu folclore, fugiram do antigo Israel durante as perseguições do rei da Babilônia, Nabucodonosor, e chegaram ao Afeganistão, onde se converteram ao islamismo, no século VII.

Os patanes fazem circuncisão no oitavo dia, usam uma peça de roupa com franjas semelhante aos Tsitsit dos judeus, acendem velas às sextas-feiras à noite e observam tabus alimentares semelhantes às leis de Kashrut (pureza de alimentos). Eles têm nomes hebraicos e alguns até observam o Iom Kipur (Dia da Expiação). Viajantes afirmam terem visto entre eles amuletos com as palavras inscritas “Shema Israel” (expressão judaica de fé que significa: Escuta, ó Israel) e livros sagradohs judaicos. Os patanes referem-se à Toráh como a Toráh de Al-Sharif, ou a Torá de Moisés, e levantam-se toda vez que é mencionado o nome de Moisés.

A sua língua nativa é o pashto, uma língua iraniana da parte oriental que, alegam, era originalmente o hebraico. Os nomes de muitas subtribos parecem-se com os nomes das tribos israelitas:

Rabbani - Rúben

Shinraw - Simão

Levani - Levi

Daftani - Naftali

Jajani - Gad

Ashuri - Aser

Afridi - Efraim

Yusuzai - filhos de José

Os patanes são conhecidos por se denominarem “Benê Israel” (Filhos de Israel). Oficiais do exército britânico que serviram na área no século XIX referiam-se aos patanes como judeus, com base na fisionomia estereotipada (pele pálida, cabelos e olhos escuros, nariz aquilino largo e achatado na base: Encyclopaedia Britannica) e inclinação empreendedora.


BIBLIOGRAFIA

  • Allah, Nimar, History of the Afghans, traduzido por B. Dorn (London, 1829).
  • Bellew, Dr. Henry Walter, Afghanistan and the Afghans (London, 1879).
  • Bellew, Dr. Henry Walter, Races of Afghanistan (London, 1880).
  • Bellew, Dr. Henry Walter, A new Afghan Question: or, Are the Afghans Israelites? (Simla, 1881).
  • Ben-Zvi, Itzchak, The Exiled and the Redeemed (1961).

quarta-feira, maio 18, 2011

Pérolas do judaísmo, O Calendário Judaico

Lag BaOmer

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O trigésimo terceiro dia (na aritmética, Guimátria, do uso das letras: 33= Lag - לג) da contagem do Omer, que cái no dia 18 do mês de Iyar, é dia de festa, segundo a tradição de Israel, no qual são cessados os costumes de luto que se conduzem nos dias da contagem. Neste dia, armam-se os pálios para as cerimônias matrimoniais e cortam-se os cabelos. As crianças costumam neste dia, sair em direção aos bosques do Kéren Kaiémet Leisrael (FundoNacional Judaico) e brincar de jogos que usam de arco e flecha.

A comemoração de Lag Ba’omer é costumeira desde a época dos Gaonim (título conferido aos chefes das Academias na Babilônia); mas a sua fonte original é bastante incerta. Segundo a tradição (Tratado Yevamot, página 62, folha B), foi estancada, neste dia, a epidemia que acometera os discípulos do Rabi Akiva, e que fizera perecer milhares de vítimas (a mesma epidemia que devido a ela, é costumeiro enlutar-se nos dias de “contagem do Omer”). Na época da revolta contra os romanos, sob a liderança de Shimon Bar-Cochba (132-135 de nossa era).

E segundo a tradição, neste dia faleceu o Rabi Shimon Bar-Iochai, o autor do livro “Zohar”, e por conseguinte, costuma-se, neste dia realizar uma comemoração de júbilo em seu túmulo, no monte Meiron, ao lado da cidade de Tzfat (Safed).

O Ari (Rabi Itzchak Ben Shlomo Luria), um dos grandes cabalistas na terra de Israel (1534-1572) e seus discípulos, cabalistas de Tzfat, costumavam viitar os túmulos de Shimon Bar-Iochai e de seu filho, Eliezer, no dia de Lag Ba’omer, no monte Meiron, e as lendas contam que neste dia, foi habilitado o Rabi Shimon Bar-Iochai por intermédio de seu mestre, Rabi Iehuda Ben Gueira, como também foi o dia de núpcias do Rabi Shimon Bar-Iochai. Com o correr dos tempos, Desenvolveu-se a “comemoração (exaltação jubilosa) do Rabi Shimon Bar-Iochai” em torno de seu túmulo, e hoje em dia, organiza-se no monte Meiron, na noite de Lag Ba’omer, grandes festanças. Ela é caracterizada por uma procissão, que se origina em Tzfat, com tochas acesas e com o acender de fogueiras, danças, e o primeiro corte de cabelo de crianças com a idade de três anos, ao lado de seu túmulo (cerimônia de Chalaká).

Judeus religiosos que chegam a Meiron no dia de Lag Ba’omer estudam o Livro do “Zohar”, entoam canções religiosas, acendem velas em memória, e também visitam os túmulos vários de Rabis e Sábios que se encontram naquelas proximidades.

A semana em que se comemora Lag Ba’omer, o Exército de Defesa de Israel (Tzahal), dedica uma semana para a Gadná (Batalhões da Juventude, serviço pré-militar), cuja bandeira é o arco e flecha.

Muitas hipóteses foram levantadas, com respeito ao significado da data de Lag Ba’omer. Segundo uma delas, foi vencido o exército de Bar Cochbá, numa série de derrotas, até aquele dia, e então no trigésimo terceiro dia da contagem do Omer, obtiveram as suas forças uma grande vitória. Isto fez com que a moral do povo se elevasse em tal medida, que este dia foi promulgado com festa para todas as gerações vindouras.

Uma outra hipótese, que também faz a ligação entre Lag Ba’omer e um evento de caráter militar, mas de época anterior, relata Iosef Ben Matitiahu (Flavius Josephus) em seu livro “As guerras dos Judeus”, quando ele narra a erupção da primeira revolta contra os romanos, no ano 66 de nossa era. Um grupo de fanáticos, que intentava revoltar-se contra o poder opressivo do império romano, e resolveram empunhar as armas no dia 18 de Iyar. Com o objetivo de não despertar suspeitas por parte dos romanos, codificaram a data da programada revolta sob a senha de “Lag Ba’omer”.

No raiar do dia de Lag Ba’omer, foram acesas tochas nos altos dos montes, ao longo de todo o país, e assim foi dado o sinal a todos os rebeldes a respeito do início da revolta. E segundo este relato, conserva-se a tradição de acender tochas e fogueiras na noite de Lag Ba’omer.

Por conseguinte, sendo esta ou aquela razão, recebeu este dia um significado na história nacional judaica. Mesmo depois de serem derrotados, conservaram os judeus a comemoração de Lag Ba’omer, com o intuito de lembrar às futuras gerações a sua luta desesperada pela liberdade. Mas as novas circunstâncias políticas não permitiram comemorar publicamente. Como conseqüência, foi registrado Lag Ba’omer clandestinamente, no decorrer de muitos anos, e que no decorrer dos tempos, pelo visto, sua verdadeira origem foi esquecida.

Chag Sameach !

terça-feira, maio 17, 2011

Pêssach Sheni – O 2º Pêssach

Para a Festividade de Pêssach,

existe uma Segunda Chance

Pêssach sheni

Um ano após o êxodo do Egito, o povo judeu fez a oferenda de Pêssach no décimo quarto dia do mês de Nissan. Mas nem todos puderam realiza-lá. A escritura relata (Bamidbar – Números 9:6): "Havia alguns homens que estavam ritualmente impuros (pelo contato com mortos) e incapazes de preparar a oferenda de Pêssach naquele dia. Aqueles disseram: 'Por que deveríamos ser privados de fazer a oferenda do Senhor no seu tempo marcado entre os filhos de Israel?' Moshe respondeu: 'Aguardem, e eu ouvirei o que o Senhor ordenará a respeito de vós'. D'us falou a Moshe: 'Se qualquer pessoa de vós ou de vossas gerações futuras estiver ritualmente impura ou numa jornada distante, ainda assim fará a oferenda de Pêssach ao Senhor. Deverá efetua-lá no décimo quarto dia do segundo mês'..."
É dada uma nova oportunidade aquele que não ofereceu o sacrifício de Pêssach no tempo certo - 14 de Nissan - para faze-ló no dia 14 de Iyar, data denominada de Pêssach Sheni, o Pêssach do segundo mês, no qual costuma-se, hoje em dia, comer um pedaço de matsá.
Embora o Pêssach Sheni fosse instituído para aqueles que não podiam ofertar o sacrifício de Pêssach no seu tempo certo, porque estavam impuros ou encontravam-se em locais distantes, o seu conceito se aplica a todos em todos os tempos - mesmo agora, quando o sacrifício de Pêssach não pode ser ofertado.
Uma lição clara de Pêssach Sheni é que a pessoa nunca deve perder a esperança. Nas palavras do Rebe anterior: "A ideia de Pêssach Sheni é de que 'nada é irrecuperável'; sempre podemos retificar nosso comportamento. Mesmo alguém que estava ritualmente impuro ou ausente numa jornada distante - mesmo que voluntariamente - pode reabilitar-se."
Um ser humano é intrinsecamente bom; sua alma é uma parte da centelha Divina. A transgressão é uma antítese completa da sua natureza. Se ele chega a transgredir, isto é uma anomalia que não pode tocar o seu "eu" essencial. A pessoa pode estar temporariamente impuro, mas sua essência, é dos níveis mais elevados. Assim, nenhum pecado, nenhuma omissão do serviço a D'us, é irreversível. A pessoa pode sempre voltar à sua identidade real.
Pêssach é a única festividade que concede uma segunda chance, e isto porque Pêssach marca o nascimento da nação judia. O êxodo do Egito foi o início de um processo que culminou com a Outorga da Toráh - a transformação dos judeus numa nação da Toráh. Já que a oferenda de Pêssach está ligada com o êxodo, sua omissão significaria que o êxodo não foi completo. D'us por isto quis que cada um, mesmo aquele que deliberadamente não ofertou o sacrifício de Pêssach da primeira vez, ganhasse a oportunidade de faze-ló - pois se não há nascimento, não há existência. A identidade da Toráh estaria ausente.

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Baseado em alguns conceitos do REBE de Lubavitch

domingo, maio 15, 2011

A personalidade do mês

Rabino Moshé Isserles (o RaMa*)
Rama

Um dos últimos grandes codificadores. Seu pai construiu uma sinagoga em Cracóvia, Polônia, em homenagem ao filho. Esta sinagoga, denominada “a sinagoga do Rama”, resistiu à invasão nazista e está em uso até os nossos dias.

O Rabino Isserles fundou uma yeshivá em Cracóvia, na qual os estudiosos eram sustentados por ele.

Foi o presidente do Tribunal Rabínico de Cracóvia, e adquiriu fama de autoridade haláchica. Correspondia-se com os grandes sábios de sua geração, um dos quais o Rabino Yossef Caro, autor do “Shulchan Aruch”, que se tornou seu amigo.

O Rabino Isserles foi a primeira grande personalidade literária surgida no judaísmo polonês. Seus minuciosos comentários sobre o “Shulchan Aruch” [“A Mesa Posta”] foram publicados entre 1569 e 1571, sob o título “Hamapá” [“A Toalha”]. Em todas as passagens nas quais o Rabino Caro não se referiu aos costumes dos judeus poloneses e aos vereditos dos codificadores ashkenazitas, o Rabino Isserles os incluiu em seus acréscimos, e a “Toalha” do Rabino Isserles tornou-se o complemento da “Mesa Posta”.

O Rabino Isserles conhecia a filosofia aristotélica, que tinha estudado nas obras de Maimônides, e seus conhecimentos abrangiam ainda a Cabala, história e astronomia. Era um homem de extraordinária cultura geral, o que lhe permitiu fazer uma síntese entre a filosofia e a mística judaica, entrosando-as com a Halachá.

Era uma figura muito respeitada na comunidade judaica polonesa, e deixou inúmeros discípulos e descendentes importantes.

Em sua lápide, que se encontra até hoje no jardim da “Sinagoga do Rama”, está gravada a frase: “De Moisés (isto é, de Maimônides) a Moisés (isto é, Isserles), não houve ninguém como Moisés”.

O Rabino Isserles permaneceu na memória popular como um justo, que ama o Povo de Israel e modesto. Até hoje, muita gente (inclusive não-judeus) visita seu túmulo.


* Rama: iniciais (hebraicas) de Rabi Moshé Isserles [que faleceu no dia 18 de Iyar de 5332 (1572)]

terça-feira, maio 10, 2011

Que é um Judeu?

Leon Tolstoy e o judeu

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Leon Tolstoy - Lev Nikolaevitch Tolstoy (9 de setembro de 1828 - 20 de novembro de 1910) descendente de uma família cristã da nobreza russa e um dos maiores escritores e romancistas do mundo, autor de obras como "Guerra e Paz"e "Anna Karenina". Foi um novelista, pacifista e pensador moral, notável por suas idéias de resistência a não violência. Sendo um dos maiores escritores russos, foi muito influente na literatura e política de seu país, ele escreveu a respeito do judeu o seguinte:

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Que é um judeu? Esta pergunta não é, de forma alguma, tão estranha quanto parece. Vejamos que tipo de criatura peculiar é o judeu, molestado e violentado, oprimido e perseguido, esmagado e assassinado, queimado e enforcado, coletiva e individualmente por tantos governantes e povos - e que, apesar de tudo isso, continua vivo. O que é um judeu, aquele que nunca se deixou levar por todos os bens terrenos, que lhe eram oferecidos, constantemente, por seus opressores e perseguidores para que trocasse sua fé e abandonasse sua própria religião judaica?

O judeu é este ser sagrado que trouxe dos Céus a chama perpétua e com esta iluminou o mundo inteiro. Ele é a vertente religiosa, nascente e fonte de onde todos os outros povos tiraram suas crenças e suas religiões.

O judeu é o pioneiro da liberdade. Mesmo outrora, quando o povo se encontrava dividido em apenas duas classes distintas, escravos e senhores, mesmo naquela época longínqua, a Lei de Moisés proibia a prática de se manter uma pessoa em cativeiro por mais de seis anos.

O judeu é o pioneiro da civilização. A ignorância foi condenada na Palestina da antigüidade ainda mais do que o é em nossos dias na Europa civilizada. E ainda, naqueles dias de selvageria e barbárie, em que nem a vida nem a morte de ninguém valia algo, Rabi Akiva não se absteve de se declarar abertamente contrário à pena capital.

O judeu é o emblema da tolerância civil e religiosa. "Ama o estrangeiro e o forasteiro", ordenou-nos Moisés, "porque estrangeiro foste na terra do Egito". E isto foi proclamado naquela época remota e selvagem em que a principal ambição das raças e dos povos consistia em se esmagarem e escravizarem uns aos outros. No que tange à tolerância religiosa, a fé judaica não apenas está muito distante do espírito missionário de converter pessoas de outras denominações. Muito pelo contrário, o Talmud ordena que os rabinos informem e expliquem a todo aquele que, por vontade própria, venha a aceitar a religião judaica, todas as dificuldades contidas nessa aceitação, e que façam ver ao prosélito que os justos entre os povos têm o seu quinhão na imortalidade. De uma tamanha tolerância religiosa, tão elevada e ideal, nem mesmo os moralistas de hoje podem se vangloriar.

O judeu simboliza a eternidade. Aquele a quem não conseguiram destruir nem as torturas nem as matanças de milênios; aquele que nem o fogo, nem a espada da inquisição puderam varrer da face da Terra; aquele que foi o primeiro a transmitir a palavra de D’us; aquele que foi, durante tanto tempo, o guardião da Profecia fazendo-a chegar ao resto do mundo, não poderá ser destruído de nenhuma maneira, porque é eterno como a própria eternidade.

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Fontes de obtenção do texto:

A Sonata de Kreuzer (1891) e O Reino de Deus Está Dentro de Você (1893.